Dulce princesa, inerte me he de encontrar,
el orgullo nos ah de separar y cada
palabra mas ah de lastimarnos, el
silencio se convirtió en vuestro enemigo,
y los recuerdos se burlan de mi presencia,
al escribir, lagrimas descienden sobre mis
mejillas, y la tinta parece castigar vuestro corazón,
mientras me atrevo a escribir esta carta me resigno,
a saber que vuestra pasión se desvanece,
asi como se desvanece la primera brisa de
primavera al amanecer, extraño aquellos momentos,
donde la lujuria era vuestro designio secreto y
juntos contemplábamos el anochecer, vuestro
amor se consumió, al igual que el licor
que de tu cáliz bebes, y mi vida dejo de ser un edén
para convertirse en un eterno calvario.
En mis aposentos recuerdo aquellas veladas princesa,
donde a luz de luna nos amamos y eterno amor nos
juramos, y henos hoy aquí, usted en su palacio
y yo en mi humilde morada, sin actos de sinceridad,
para recuperar vuestro amor, aquel que en algún
momento nos lleno de felicidad y hoy con dolor
le digo adiós...
Anhelo que en sus recuerdos mi ser exista,
ya que de mi mente usted no partirá jamas,
desearía nuevamente despertar a su lado,
y acariciar sus delicadas mejillas, mientras a su
oído le susurro la palabra te amo, solo le pido
que recuerde princesa, podemos revivir aquellos
momentos, pero se que su orgullo pesa mas que sus
sentimientos, no pertenezco a la nobleza, mucho menos
a la realeza, soy simplemente un humilde escritor que la amó
y la amará, cuando de pobreza se rodeaba por ser abandonada,
a usted me acerque y todo de mi le brinde, sin nunca
importar su forma de vivir, y ahora que sus padres la han
encontrado, y entre oro y joyas vive naufragando, ah olvidado
a aquel viejo servidor, que sin importar cargo la amo, y hoy
su corazón entristece pero usted no recuerda, le importa
lo que su entorno piense y no lo que su corazón desee.
No hay comentarios:
Publicar un comentario